Mis juegos olímpicos

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Mensaje por Blanco Nuclear el Vie Ago 24, 2012 4:21 pm

Este verano, entre siesta y siesta, no he parado de saltar, de correr y de lanzar. No he parado de hacer deporte por televisión, que es el único deporte que me puedo permitir sin dislocarme un brazo, o partirme un pulmón por la mitad y sin que me de un ataque de apoplejía aguda por esfuerzo excesivo (por qué no les dará alguna cosas así a algunos políticos que yo me sé?). Ya sé que todo esto que digo no tiene nada que ver con ser más alto más fuerte y llegar más lejos (que es de lo que va la cosa), pero es que yo soy bajito, delgado y de cercanías. Qué le vamos a hacer! Y ya es tarde para cambiar, aunque mi mujer (que es un cielo) se ha pasado la vida intentándolo sin éxito.

Por eso, yo sigo cada cuatro años el consejo olímpico y no paro de hacer deporte con el mando del televisor -que, por otra parte, es el único "mando" que tengo en mi casa (con permiso del cielo de mi mujer)- y me mantengo en forma. Sobre todo de la vista. Y así he visto en los últimos Juegos cosas muy interesantes, que me gustaría comentar con vosotros.

No os lo vais a creer, pero he visto que los negros corren más que los blancos. Pero mucho más! Lo que demuestra una enorme evolución en la raza de color (ya se sabe que el blanco no es un color sino la ausencia de todo color, y que las otras razas humanas son pintadas) que, si hubieran corrido tanto como ahora corren en los siglos anteriores, los hombres sin color nunca hubieran podido meter a esclavos a los de color, porque no hubieran podido agarrarlos en Africa ni de coña. Esto lo han demostrado tipos como Bolt en estos Juegos Olímpicos sin lugar a dudas. Claro que el experimento ya lo comenzó un tal Jesse Owens en los Juegos de Berlín, lo que puso muy nervioso a un tipo pálido de mano blanda, que andaba por allí atusándose nerviosamente el bigotillo, lo que provocó que el tipo, que también llevaba gorra militar, armara un follón de padre y muy señor mío, que casi acaba con todos los hombres sin color, de color y pintados de todo el mundo y parte del Olimpo. Lo que, por otra parte, me ha dejado preocupado y en estado de alarma de nivel uno, porque lo de Bolt aún ha sido más fuerte que lo de Owens, y últimamente no paro de ver tipos con bigotillo entre muchos de nuestros políticos y políticas nacionales e internacionales. De momento, y por lo que pudiera pasar, yo no salgo a la calle sin casco, como en otros tiempos, cuando no salía sin condón.

También he visto, mejor dicho, he comprobado, que España es mujer y, además de eso, un país de maricones que no saben competir como hombres, aunque les gusta mucho participar como buenos chicos subvencionados que hacen la carrera para enseñar el palmito y nada más. Habían un par de excepciones a tanto mariconerío, que eran unos españoles que ganaron un par de medallas a ostia limpia en un tatami, pero es que esos son budistas, y ya se sabe que con los budistas no se sabe lo que tienen debajo de la túnica, salvo que todos son calvos y se dedican al karaté y al kung fú como forma de oración antes de tomarse un saqué, los que les dá un subidón que pa qué. Más no sé.

Eso sí, daba gusto ver las medallas españolas. Sobre todo, porque la mayoría de ellas les colgaban entre las tetas (senos de mujer, dicho en fino) que era una gloria, porque no sabía uno que le gustaba más, si la de en medio, la de la derecha o la de la izquierda. Y cuando se trataba de un equipo de españolas, todas con sus medallas colgadas entre sus "cosas", es que era para quedarse bizco! Me entraba un ataque de patriotismo que me quedaba excitado para una hora o más, por lo menos. Sólo por ellas y sus "cosas" ha valido la pena esta Olimpiada. Lo siento por las aficionadas españolas, que no les han visto a los chicos ninguna medalla colgada de ninguna parte, porque nada tienen que les cuelgue, que valga la pena. Pero que no se preocupen las españolas, que algunos atletas, avergonzados ante la falta de tamaño de nuestros resultados olímpicos, han prometido que van a echar al Gran Anciano del atletismo español y van a revolucionarlo todo a base de nitrato de testosterona, de manera que para las próximas Olimpiadas, se van a hartar de ver a los chicos con sus medallas colgando (esperemos que no les cuelguen de las orejas, como los pendientes de los de ahora que era lo único que les colgaba de alguna parte, porque si no, vamos daos).

Por otra parte he visto a un tipo con gorro de natación y aletas de pez y que respira por las agallas. Me parece que es un mutante, que se ha escapado de la película Waterworld que protagonizó Kevin Costner, porque el tio ese ha ganado en su carrera acuático-deportiva más medallas de oro que toda España junta en Barcelona 92. Parece mentira lo que avanzan las ciencias en los años olímpicos! Aunque, ahora que lo pienso, a lo mejor no se trataba de un mutante sino de un dios del Olimpo que, en vez de griego, hablaba inglés. Los dioses pueden hacer estas cosas y hablan muchos idiomas sin dificultad, al menos eso es lo que me enseñaron en la escuela. En cambio, los españoles, hablamos con dificultad hasta nuestro propio idioma, y por eso no nos salen dioses (aunque sí, demonios), y menos que sepan nadar y no ahogarse en la piscina. Yo creo que es un problema de pronunciación, porque la hache aspirada no nos deja respirar correctamente cuando nadamos y por eso tenemos que parar para respirar, entre hache y hache, que si no nos hundimos. Pero no hay que perder la esperanza, en cuanto se homologue la competición de ahogados en piscina de 50 metros nos vamos a forrar a ganar medallas de oro, que nos entregarán en forma de lápida.

Y por último vi a un tipo que, al parecer, mandaba mucho. Era suizo, como todos los que mandan mucho. Y nos mandaba a todos (incluso a mí, que mira que hay que ser atrevido!) ser siempre jóvenes, altos, guapos y bien alimentados. Creo que es un gerontócrata que se llama Rogge. Lástima que una chica somalí, abanderada de su país en los pasados Juegos Olímpicos de Pekín, no debió entenderle bien, porque hace pocos dias murió ahogada intentando huir de su país y de su continente en una patera, y de su medalla, cerca de las costas de Italia. Al parecer había dejado de sentirse joven, guapa, y no estaba bien alimentada en su país, a pesar de los buenos consejos de Rogge y de la gerontocracia olímpico-deportiva mundial, y eso que una vez fué atleta olímpica abanderada somalí en Pekín. No sé que tendrá que decir Rogge a todo esto.

Y esto es lo que ví. Y como lo ví os lo cuento. Otro dia os contaré el cuento de Maria Sarmiento, que se parece mucho a este que os acabo de contar, porque, no sé si sabeis, pero esa señora tenia tres hijas, que las tres se preparaban para las Olimpiadas con un plan ADO...

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