felix de azua

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happy felix de azua

Mensaje por pantuflo el Jue Oct 25, 2012 10:08 pm

Quise resistirme, pero cuando supe que había muerto Santiago Carrillo se me hundieron las fuerzas y determiné que, en efecto, tenía que escribirle a Artur Mas, el estadista. No es que Carrillo me inspirara simpatía. Ese hombre, en plena juventud tuvo a su mando la carnicería principal del Madrid republicano y es cosa sabida que en aquel establecimiento todos los días desollaban carneros, conejos y bueyes condecorados. No debió de ser persona como para fiarle los niños a pasear por el Retiro, pero luego por lo menos remedió su vida y se convirtió en un chaquetero de lujo. Pasó de ser una amenaza mundial a un tipo pintoresco.

Aquellos personajes de los años treinta eran abominables y sin embargo no se les puede negar grandeza. Gracias al empeño que pusieron en defender sus ideas acabaron acopiando tal cantidad de cadáveres que uno supone aquellas ideas del tamaño de las de Platón. Luego lees un poco sobre Stalin o sobre Mussolini y te preguntas a qué precio salieron semejantes ideas de higienista húngaro. ¿Diez millones de muertos por idea? En fin, había grandeza.

Todavía hoy cuando hablas con algunos cráneos privilegiados te aseguran que están dispuestos a subvertir el orden mundial aunque sea al precio de sacrificar seis o siete generaciones. Como aquellos personajes de La vida de Brian, nuestros revolucionarios no se conforman con nada por debajo de la abolición del Imperio Romano. Admirables y orondos caballeros, los jefes de las masas aseguran a micrófono abierto que hay que acabar con el capitalismo y luego les entusiasma un chiflado de pueblo que va levantándose mercados con carretillas de aluminio. Sería heroico si no lo hubiera escrito ya Valle Inclán. No obstante, hay grandeza en esas ideas: la libertad de los humanos, la justicia universal.

Por lo menos estos Grandes Líderes están dispuestos a sacrificar a seis o siete generaciones para ver ejecutadas sus ideas. Quieren una revolución como es debido, que deje en la miseria a nuestros hijos, nietos, biznietos, a los hijos de los biznietos y a los nietos de los biznietos. Y luego, que luzca la Idea, si queda alguien. Por ejemplo, el estado proletario, el comunismo, la raza aria, incluso el socialismo. Una grandeza en la destrucción es a lo que pueden aspirar los Grandes Líderes incapaces de construir ni siquiera un instituto de enseñanza media.

¡Ah, pero ese no es el caso de Artur Mas, el estadista! Este hombre no está dispuesto a sacrificar más de una generación. Una, como mucho. Y lo que es aún más grave, está persuadido de que sus hijos ya estarán en Inglaterra cuando se realice la Idea. Eso, diría yo, es una mezquindad.

Bien es cierto que la antigua política, la que buscaba la justicia, la libertad, la liberación de los esclavos, la emancipación de las colonias, sabía calcular y calculaba. Se sentaban en torno a una mesa los Grandes Líderes y calculaban. Una guerra civil un millón de muertos, guerrillas incontroladas cien mil muertos, grupos paramilitares veinte mil muertos, milicias del pueblo diez mil muertos, la banda de la porra cinco mil muertos. Y así iban sumando y al final decidían si aquello daba juego o no.

La política actual no tiene aquella dimensión de cuando existía la grandeza. No se trata de liberar al proletariado, de emancipar a los esclavos, de edificar una sociedad basada en la justicia. No. Se trata de abrir estado en Cataluña, como ha sucedido últimamente en Eslovaquia o Montenegro, por poner un ejemplo. Yo creo que el mundo entero se estremeció de dicha al saber que existía una nación llamada Montenegro y adivino que el mundo entero volverá a estremecerse de felicidad cuando sepa que Cataluña es otra nación, aunque nadie lo sospechara. Son asuntos que conmueven el corazón de cualquier humano, que le hacen soñar en luchas en plan Mandela.

Ciertamente es algo un poco más mezquino que la revolución socialista o el fin del apartheid, pero los tiempos son mezquinos y los partidos socialistas están para el desguace. Con un poco de suerte a Cataluña le seguirá la Padania y el mundo entero estallará en un delirio incontenible. ¡Existe la Padania!, exclamarán. ¡La dignidad humana se ha salvado! Estos son los asuntos que interesan a los ciudadanos con estudios o conciencia: Cataluña, la Padania, los Sudetes, el sol rojo de nuestros corazones, la heroicidad, la grandeza.

Por eso me parece que debemos protestar e indignarnos e incluso acudir por decenas a la Plaza de Cataluña a manifestar nuestra ira porque Artur Mas solo sacrifica a una generación y ni siquiera la suya. Él sabe perfectamente, tal y como lo está planteando, que en diez años esa lucha heroica ha hecho agua. Para que la Idea triunfe necesitaremos, pongo por caso, algo más que el terror pequeñito que ha instalado en Cataluña. Arcadi Espada publica una encuesta en su blog sobre lo que opinan algunas grandezas catalanas sobre la independencia. Pues bien, no opinan nada. Parecen intelectuales checoeslovacos un mes antes de los tanques. Alguno llega a decir que solo contestará delante de sus abogados.

Está bien ese terror pequeñito, lo has hecho bien, Artur Mas, y en Cataluña nadie osa abrir la boca ni siquiera para decir que está de acuerdo contigo. Para decir algo semejante hay que montarse en un autobús que te pasa a recoger por Arenys y te lleva al Paseo de Gracia en donde están las cámaras y un señor de Omnium Cultural con los bocadillos. Pero esto es insuficiente: ahora hace falta un terror grande, un terror que no amenace solo a una generación sino que reviente la vida de seis o siete generaciones. Con esa finalidad, no estaría mal que comenzaras a estudiar a los vascos, que llevan ya sus cuatro o cinco generaciones hechas polvo y aún no se han decidido.

Eso sí, es imprescindible que sigas mintiendo como cuando dices “Cataluña, nuevo estado de Europa”, sabiendo que es una estafa para gente que solo lee prensa del movimiento, porque ya han dicho en Bruselas que tendrás que ponerte a la cola e intercambiar tabaco y bebidas con Kosovo. Por eso has de seguir afirmando que te vas de España, para ocultar que de donde te vas, de verdad, es de Europa. Aunque lo más probable es que con esas mentiras no puedas embaucar a más de una generación de ilusos. La siguiente generación, que estará pagando en la nueva moneda (¿el virolai?), se reirá de ti por no haber mentido lo suficiente.

Recuerda que ruina y nacionalismo son las dos fuerzas que dieron el triunfo al totalitarismo en Europa y que solo por ese camino puedes avanzar. Ya has convencido a media población de que su ruina es culpa de los españoles, o sea, de los andaluces, de los gallegos, de los murcianos, y así sucesivamente, todos ellos ladrones. Ahora debes ascender un escalón. Si lees un poco verás que los Grandes Estadistas llega un momento en que tienen que emprender la Gran Marcha, el incendio del Reichstadt, la Marcha sobre Roma, la Noche de los Cristales Rotos, cosas semejantes, pasos decisivos. Solo entonces pasarás de una generación a seis o siete.

Piénsalo, Artur Mas, vuestra Idea se basa en dos pilares: la mentira y la subvención. Eso os hace inestables. Necesitáis un tercer pilar. Ese tercer pilar, el que los vascos no se han atrevido a poner en pie de momento, lo vas a tener que poner tú y pasarás a la historia como el hombre que sacrificó seis generaciones para que Cataluña pudiera salir de Europa. Se lo debes al mundo, se lo debes a la humanidad. Todos los pobres, explotados, aplastados por la injusticia y la tortura, todos los votantes socialistas, por ejemplo, están esperando ese signo en los cielos. Que no te tiemble la mano.
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