De la Revolución Francesa, Cataluña y la tortilla de patatas

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happy De la Revolución Francesa, Cataluña y la tortilla de patatas

Mensaje por Blanco Nuclear el Jue Sep 20, 2012 11:20 am

Hubo una vez, hace muchos años, que en Francia se hizo una revolución. Como se hizo allí, pues se llamó así: la Revolución Francesa. Si se hubiera hecho en Laponia, se hubiera llamado Revolución Laponesa, lo que sin duda hubiera llevado a confusiones indeseables con la Revolución Japonesa, fundamentalmente, porque esta última nunca existió. Aquella cosa revolucionaria francesa acuñó un lema, una consigna, un distintivo, que la hizo mundialmente célebre, y por eso precisamente, se extendió por todo el mundo, que si no no lo hubiera conseguido, porque ya me direis a quién le interesa la Revolución Laponesa con lema o sin él, y en japonés sería imposible, porque ya se sabe que nadie entiende el japonés y por eso el lema no serviría para nada, o sea, que sería absolutamente inútil.

Pero volvamos a la francesa revolución que mola mogollón. Os decía que esa revuelta multitudinaria acuñó una consigna que se extendió como un grito por toda la faz de la tierra (y de la luna, cuando la conquistó Armstrong para la tierra americana de la Revolución Francesa): Libertad, Igualdad, Fraternidad. Hermosas palabras estas, que contenían grandes ideales, y que aunaron a muchos hombres y mujeres de todas las partes del mundo ( y de la luna) y que configuraron los idearios políticos, jurídicos, económicos y sociales de muchas naciones del mundo (y de la luna), y así surgieron los códigos del derecho que nos regula y nos hace un poco menos animales y algo más humanos, como cuando le queremos dar un guantazo al vecino porque se ha tirado un pedo en el ascensor antes de que nosotros nos subiéramos a él y nos tenemos que aguantar; o cuando queremos robar a todo el mundo en caso de necesidad y no podemos hacerlo, aunque existen excepciones a esta regla, que si pueden hacerlo si lo hacen a gran escala; o cuando comprobamos que somos iguales a todos los demás, aunque algunos tengan mucho más dinero que nosotros, estos y aquellos, que eso no tiene ninguna importancia, porque ya se morirá ese ricachón de un exceso de placer y eso nos igualará a todos, a los que se mueren de placer y a los que se mueren del disgusto; o cuando comprobamos que todos somos hermanos, los unos de los otros, pero no primos, aunque lo diga Obama o Emilio Botín; y esas cosas así.

En definitiva, que la cosa esa francesa valió la pena y unas cuantas cabezas que algunos perdieron por el camino por haberla puesto en mal sitio. Pero era por el bien de todos y para que todos viviéramos de una manera más libre, más fraterna y más igual (aunque no idéntica, lo que es una verdadera lástima). Pero vamos, que se hizo lo que se pudo y la cosa no fue tan mal, porque algo hemos mejorado en calidad de vida y en calidad de muerte desde entonces.

Ahora en Cataluña han decidido hacer su propia revolución catalana para ellos y para nadie más. Es que ellos son así, la mar de revolucionarios. Y por eso se han apuntado los primeros a todas las revoluciones habidas y por haber a lo largo de la historia. Basta recordar que fueron los primeros que se apuntaron a la revolución fenicia, cuando en la península aún no habían inventado la geografía. Luego a la revolución cartaginesa, más tarde a la romana, después a la carolingia, a la musulmana, a la cristiana, a la francesa (bueno a esta se apuntó todo el mundo como ya os he dicho antes), a la revolución industrial, a la republicana, a la revolución franquista y también a la comunista, por partes iguales (que ya es la leche), a la democrática y actualmente a la revolución tecnológica, turística y últimamente a la futbolística.

Y como ya se han apuntado a todas las revoluciones que han hecho los demás y parece ser que no han encontrado su identidad perdida, y por eso parecen los Niños Perdidos de Peter Pan en el país de Nunca Jamás, han decidido hacer su propia revolución nacionalista, para la que han buscado también un lema, como cuando la francesa. Este lema dice: Independencia, Irresponsabilidad e Insolidaridad. Pero alguien se cree que con estos ideales se puede hacer una revolución en la tierra o en la luna? Aunque, ahora que lo pienso, quizás tales principios puedan funcionar en Marte, por lo que todos los catalanes independentistas y revolucionarios podrían irse allí a fundar su estado independiente y revolucionario con los marcianos, que seguro que les hacen caso, sobre todo por afinidad de idioma, y dejarnos en paz a los españoles, que nosotros con la Revolución Francesa y la tortilla francesa ya hemos cubierto el cupo revolucionario a costa de la tortilla de patatas, que esa sí que es española, y por los cuatro costados.
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